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Entre montañas

31 Dic

Sentado en el vagón me aburrí de la vida, y en mi hastío cerré los ojos. Elevé el mentón desganado y relajé el cuerpo, desafiando al azar, a la perra de la fortuna.

La luz fluorescente atravesó impúdica mis párpados y llenó mi cabeza de los recuerdos que hacen el hombre que soy. Aquellos recuerdos de verano entre las montañas, donde todo era verde de hierba y gris de piedra, y lo eterno flotaba entre risas infantiles. El calor de la lámpara era el sol en la cima de la montaña, y el regazo de mi tía, y la sopa de pollo.

Allí, en el vagón, creció mi tierra

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Publicado por en 31 diciembre, 2011 en Metrocuentos, Microcuentos

 

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