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Boddhitsattva

03 Dic

En la línea de metro éramos pocos, asientos para todos. Enfrente de mí un abuelo tenía la mirada perdida, pero no vacía. Una sonrisa tenue le pintaba el rostro de amistad.

Al cabo, se iluminó. Sí, sé como suena, pero es exactamente lo que ocurrió. Su cara, sus manos, su espacio, se llenó de una luz propia. No luz, luz, más bien una sensación de luz. Él abrió los ojos del todo y nos miró, sereno. Ahora yo también sonreía, todos lo hacíamos. Como niños en Navidad

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Publicado por en 3 diciembre, 2011 en Metrocuentos, Microcuentos

 

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